La naturalidad de los niños para divertirse juntos y conectar es única.

Ayer observaba en el parque a un par de pequeños conviviendo en un arenero. Uno de ellos  con síndrome de Down. Fue maravilloso verlos ponerse de acuerdo sin necesidad de pronunciar casi palabras, sólo utilizaban miradas de complicidad y sus risas. Se conocieron ahí mismo y sin dudarlo comenzaron a jugar. Las sonrisas no ven diferencias, encuentran similitudes.  

Los pequeños no saben de discriminación. Somos los adultos, los que vamos enseñándoles lo que, según nosotros, está bien o es  “normal”, por llamarlo de alguna manera. También somos los mayores los que limitamos las capacidades de los chiquitos, sin dar la oportunidad a que alcancen a desarrollar todo su potencial. 

En Edye contamos con una serie que nos muestra un gran ejemplo de cómo la vitalidad y capacidad de un chico, no se dictamina por una silla de ruedas, él siempre encuentra la manera de lograr lo que se propone.

La convivencia entre niños con y sin necesidades especiales en un ambiente casual propicia un intercambio único. La adaptabilidad se convierte en un puente que los conecta con la capacidad de compartir y la ayuda mutua.   

Los niños tienen talento innato  para vencer obstáculos, para crear caminos. Ellos no conocen de etiquetas, esas las van adquiriendo con el paso del tiempo y son aprendidas de sus adultos cercanos, que muchas veces por miedo a lo desconocido, colocan a otros. 

El papel de los mayores en este proceso hacia la inclusión y equidad es fundamental, ya que con nuestro ejemplo podemos fomentar una orientación respetuosa que promueva un entorno para un mundo más amable y empático.

Una condición genética o una característica diferente, no define a las personas ni dicta su futuro, sólo forman parte de quiénes son. 

La escuela, un parque, una fiesta infantil, son  espacios donde las  posibles diferencias son solo retos para que  la espontaneidad y creatividad de los niños trascienda sin prejuicios y encuentre posibilidades.

La realidad es que si nos informamos, podemos darnos cuenta que el convivio con niños distintos a los nuestros, abre perspectivas para un mundo más justo, que promueva más espacios seguros y perfectamente acondicionados para recibir a todos los corazones y mentes brillantes de nuestros niños.

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