Punto de vista del niño (y ejemplo de ritual de irse a dormir):

¡Irme a dormir es aburrido! No quiero dejar de jugar. Hay tantas cosas que quiero hacer…yo quería terminar de armar ese nuevo Lego que me regalaron. Encima a mi hermano más grande lo dejan quedarse despierto hasta más tarde. ¡Yo no me quiero perder nada! También podría seguir mirando mis programas de televisión favoritos, o los videos de canciones que miro en mi tablet. 

Además mamá y papá se quedan despiertos. Yo quiero seguir con ellos, irme a dormir es dejarlos, separarnos. Aunque mañana los vuelva a ver, lo único que me importa es lo que pasa “ahora”. 

No quiero que se acabe este día porque mañana a la mañana tengo que despertarme, vestirme e ir al colegio, y eso no es divertido. En el colegio me tengo que quedar quieto y la maestra me hace trabajar bastante. 

Y encima pretenden que yo me duerma acá solo en mi cama mientras ellos duermen juntos en su habitación. Qué injusto. No quiero irme a dormir. Voy a tratar de protestar lo más que pueda a ver si me dejan un rato más. A veces cuando ya estoy en la cama con la luz apagada, pido agua, o me acuerdo que tengo que ir al baño, así puedo estar despierto un rato más, y mientras espío a ver qué hacen ahí en el living.

Antes de irme a dormir, mamá o papá se quedan conmigo en la habitación y me leen uno o dos cuentos. Me gusta mucho que me lean cuentos. Mi cuerpo se va relajando, me olvido de que mañana tengo que ir al colegio, me gusta escuchar la voz de ellos, me hace sentir seguro, especialmente cuando ellos están tranquilos y no apurados o enojados.

A veces cuando apagan la luz, empiezo a pensar en monstruos o ladrones, entonces llamo a mamá/papá otra vez, y ellos me ponen un poco de música que me ayuda a relajarme. Es siempre la misma. La música de la noche. Me gusta. 

Después apagan la luz y nos damos el beso de las buenas noches. Después mamá o papá se van del cuarto, pero me dicen que van a volver en unos minutos para darme otro beso. Es que sino me da miedo quedarme solo. Me tranquiliza saber que van a volver.  

Al final, mamá me da el último beso y me vence el sueño. Yo sé que si a la noche me pasa algo y los necesito, ellos van a estar allí para mí. Por eso, duermo tranquilo y en general no me despierto mucho, salvo que tenga una pesadilla o me duela algo.

Sobre la hora de ir a dormir

Dormir es una necesidad básica del ser humano, tanto de los niños como de sus padres. Por eso es importante organizar rutinas, hábitos o rituales de sueño en nuestros hijos, que permitan facilitar la transición a la cama, y que nos permitan descansar a todos. Instalar hábitos significa hacer las cosas de la misma manera aproximadamente todos los días.

Pero irse a dormir no es fácil. Las razones que pueden influir en que el niño no quiera irse a dormir son varias:

  • ¡No quiero dejar de divertirme! ¡No quiero dejar de jugar!
  • Me gusta estar con mamá y papá. Papá recién llega del trabajo y yo quiero estar con él, justo cuando empezábamos a divertirnos…
  • A mi hermano más grande lo dejan quedarse despierto, mientras yo me pierdo toda la diversión.
  • No me gusta separarme de mamá y papá. Me quedo solo. Quiero seguir estando con ellos.
  • Cuando me quedo solo, empiezo a pensar cosas que me dan temor: los fantasmas, los monstruos, los ladrones. La maestra y el colegio, el examen que tomarán mañana…

Consejos para establecer hábitos de sueño saludables en el niño:

  • Establecer una hora de dormir y tratar de respetarla lo más posible diariamente para regular los patrones de sueño. El cuerpo se acostumbra a la rutina, y el niño tendrá sueño alrededor de la misma hora todos los días (salvo que haya excepciones como siestas, o que esté enfermo, o variaciones grandes en la actividad, o cambios de horario establecidos). Ésto hace la transición más natural tanto para el niño como para el adulto, ya que su cuerpo va a acompañar la rutina.
  • Elegir un horario que se adapte a la rutina familiar y esforzarse por cumplirlo lo más posible (teniendo en cuenta las nombradas excepciones).
  • No iniciar juegos excitantes, físicos o muy divertidos justo a la hora de acostarse. La última media hora antes de ir a las habitaciones y comenzar con el ritual de acostarse son para ir relajándose.
  • Establecer una rutina para irse a dormir como: la hora del juego, baño, pijamas, cepillado de dientes, cuento, canción y el beso de las buenas noches (ver ejemplo de rutina en la primer hoja relatada por el niño).
  • El niño o nosotros podemos elegir unos de sus muñecos de peluche para ser su “protector” o “compañero” de dormir, en incluirlo en el ritual de la noche. Ej: mamá le puede dar un beso al muñeco también al despedirse.
  • Permitir al niño dormir con una luz de noche si lo pide o dejar la luz del pasillo o baño encendida junto con la puerta de su habitación abierta. Dejar que el niño decida cuándo está listo para abandonar la luz de noche.
  • Tratar de que no utilicen la televisión para quedarse dormidos. Esto se puede establecer como hábito y quedan atrapados en ello.
  • Mantener una actitud positiva frente a la idea de “irse a la cama” (“qué lindo ir a meterse en tu cama calentita y cómoda y seguir leyendo el librito de anoche”
  • Felicite a su niño por quedarse en su cama toda la noche.

En la práctica…

Después de haber enumerado tantos motivos por los cuales un niño no querría irse a dormir, no podemos esperar que acepte hacerlo sin cierto nivel de protesta: “No tengo sueño, me quiero ir a tu cama, por qué mi hermano se puede quedar despierto y yo no!”.
Como padres, no podemos pretender que estén de acuerdo con nuestras decisiones ni que las entiendan. Lo importante es que estemos seguros de la importancia de establecer y hacer cumplir ciertas reglas es por el bien del niño, y que logremos sostenerlo.

 Establecer una rutina de “irse a dormir” da trabajo y lleva tiempo. Habituarse a la protesta y no frustrarse con el niño por protestar, es una práctica a desarrollar por parte del adulto. Comprender los motivos del niño evita que caigamos en pensar “sólo lo hace porque es un niño difícil y quiere hacerme la vida difícil”, o “por qué tiene que protestar por todo”. También evita que nos rindamos y caigamos en “que haga lo que quiera”.
 
Se trata entonces de aceptar la protesta y continuar con las acciones: “Yo sé que si fuera por vos te quedarías pintando ese hermoso dibujo por largo rato, pero en cinco minutos vas a tener que ir guardando las cosas para empezar a lavarse los dientes”.

Tampoco podemos esperar que realicen el “ritual de irse a dormir” solos, porque se los pedimos, sin que los estemos apuntalando o acompañando con nuestra presencia. Ejemplo: pretender que se laven los dientes solos, se pongan el pijama, se metan en la cama y apaguen la luz. Aún en niños adolescentes, es de esperar que tengamos que apuntalarlos y finalmente “acompañarlos” a apagar la luz y a desconectarse de sus aparatos tecnológicos a la hora convenida.

Nuestros niños eventualmente aprenderán a irse a dormir, pero vale la pena el esfuerzo que conlleva atenerse lo más posible a una rutina (hacer algo siempre alrededor de la misma hora) y a un ritual (nuestro modo especial de hacer las cosas siempre de la misma manera). Rutinas y Rituales dan seguridad la niño y hacer la transición del estar despiertos a irse a dormir más fácil y agradable para todos.