Mis miedos

La primera visita al dentista suele provocar en el niño una variedad de sensaciones: miedo a lo desconocido, aprensión a que un desconocido (o varios, considerando asistentes) lo toquen o se le acerquen considerablemente, temor al dolor, a la incomodidad, a que le introduzcan objetos en la boca, a tener que tener la boca abierta mucho tiempo, a ahogarse, a no poder respirar, a los ruidos raros que escucha.

Muchos de estos miedos los seguimos teniendo aún los adultos, pero contamos con la comprensión necesaria de que hay un motivo importante por el cual merece la pena hacer el esfuerzo de superarlos. Los niños necesitan del acompañamiento de los adultos para transitar estas situaciones porque esa meta (“el cuidado de los dientes”) para ellos no es tan fácil de comprender.

Necesito de mamá/papá

Los niños necesitan a sus padres junto a ellos especialmente en situaciones nuevas, que provocan miedo y por lo tanto cierto estrés, como lo es la primera visita al dentista (un estrés que, siendo acompañados, pueden lograr superar). Es una experiencia que provoca miedo porque es nueva y conlleva cierto nivel de dolor o molestia física.

Visita preliminar e información sobre el procedimiento

Para facilitarle al niño el manejo de sus temores, sería ideal tener una vista preliminar con el dentista, en la cual el niño pueda conocer (ver) el consultorio, la maquinaria y al dentista. Es importante que los padres puedan averiguar exactamente qué procedimientos se le van a realizar al niño, y concretamente en qué consisten, por ejemplo: tener la boca abierta, que se le limpien los dientes con un cepillo, que se utilice el torno o algún instrumento que haga ruido, si se va a aplicar anestesia, el tubito que succiona la saliva. Algunos dentistas son mejores que otros en tratar con los niños y explicar las cosas colocándose a su nivel. Pero el niño confía en nosotros sus padres, con lo cual somos nosotros los que podemos ayudarlo a sobrellevar la experiencia de la mejor manera posible. Nosotros necesitamos tener la información de lo que va a ocurrir.

¿Cómo preparamos a los niños?

Los padres pueden ellos explicar a los niños, con palabras breves y sin detalles excesivos, qué es lo que va a ocurrir en la consulta. Es recomendable poner el acento en que el dolor será mínimo o inexistente, y que la pequeña molestia acabará pronto. Especialmente para niños pequeños, la presencia del padre/madre en la consulta es fundamental. Pero solo si el padre/madre van a poder transmitir confianza al niño, y no temor (por eso es importante confiar en el dentista y controlar la propia ansiedad).

Notar que los ruidos son importantes. Cuando el niño entra al consultorio, escucha toda clase de ruidos quizás por primera vez. Por eso es importante la explicación a través de la palabra. Por ejemplo: ese aparatito hace ese ruido, pero en la boca no hace doler, es como que cepilla los dientes,…etc. Poner nombre a lo que el niño va experimentando al ver el consultorio: las asistentes que trabajan “alcanzando cosas al dentista para que éste pueda terminar más rápido”, “el ruido fuerte de algunos aparatos que funcionan así”, etc.

Entonces, todo lo que va a ocurrir debe ser explicado de antemano, al igual que los MOTIVOS del procedimiento, siempre en palabras simples, breves, que tengan sentido para el niño: la limpieza es para que sacar todos los pedacitos de comida que no llega a sacar el cepillo, el dentista tiene unos cepillos supersónicos que limpian los dientes mejor que los nuestros y los dejan super blancos, la pasta que te pone es superpoderosa y te deja los dientes blancos por mucho tiempo, el dentista va a sacar el agujerito que se formó que te hace doler cuando masticas. En definitiva, se trata de elegir palabras que sean familiares para él, o explicaciones con las cuales el niño se pueda relacionar.

Juego o role play

Es muy recomendable, como preparación para la consulta, , “jugar al dentista”, como en una especie de role play. Se le puede dar la oportunidad al niño de ser él el dentista y el padre el paciente, y luego a la inversa. Esto permite al niño de reducir su nivel de ansiedad a través del juego, “probando” él mismo mismo y en sus padres cómo sería algo parecido a la intervención. Y mucho mejor si durante el juego podemos hacer cosas graciosas que provoquen risa, ya que  ésto ayuda a reducir la tensión (ej: hacerse el que uno tiene cosquillas). De este modo, estamos al mismo tiempo transmitiendo información (que antes nos preocupamos de pedir al dentista) acerca de lo que va a pasar.

Se puede ir jugando en esta progresión:

  • Mamá cura al oso/muñeca (distancia máxima)
  • El niño cura al oso/muñeca
  • El niño cura a mamá
  • Mamá cura al niño

En general, cuando se deja “curar”en el juego por su mamá, ¡luego también acepta ser atendido por el profesional!

Cuentos, juegos y títeres son herramientas útiles para entender, elaborar y poder hablar de lo que les preocupa sin tanta angustia, a una distancia tolerable. También ayuda contarles de otras personas que pasaron por situaciones iguales o parecidas: “tu amiguito Pablo fue al dentista hace unas semanas, y tu prima María ya fue varias veces”. O “yo cuando era chica tambien tenia miedo pero…”.

¿Y si mejor no digo nada para que no se ponga nervioso?

Algunos padres piensan que es mejor no decir nada al niño acerca de la inminente visita al dentista como manera de  ahorrarles la preocupación previa. Esto no es aconsejable, ya que puede producir sentimientos de traición en el niño, acompañado de enojo y pérdida de confianza en los padres. Puede crear ansiedad en el niño cuando sea llevado a lugares nuevos en el futuro, ya que ahora no sabe qué le puede esperar. Es siempre mejor decir la verdad, sin detalles innecesarios que el niño no pueda comprender, y sin demasiado tiempo de anticipación para no crear demasiada anticipación/ansiedad/aprensión. Un dia antes puede ser suficiente.

Ofrecer opciones

Ya que el niño generalmente no puede elegir que no ir al dentista, es recomendable ofrecerle pequeñas opciones: si quiere traer algún muñequito preferido, si quiere que lo lleve papá o mamá, si quiere que le muestren alguna película en especial (algunos dentistas dan la opción). La idea es dar al niño cierta sensación de control sobre lo que va a ocurrir.

¿Qué pasa si llora?

No enojarse, frustrarse u ofenderse si el niño, aún luego de haberle explicado la necesidad del procedimiento y que no le va a doler, llora. Si esto ocurre, el niño debe saber que puede llorar, que nadie se va a enojar con él porque llore sino que se lo va a aceptar, consolar y ofrecer empatía (“yo se, a mi tambien me dio miedo la primera vez que fui al dentista”). Pero al mismo tiempo tratamos de continuar con el procedimiento.

Otras cosas que resultan útiles:

  • Ofrecer al niño un premio que recibirá cuando finalice el procedimiento (funciona más con niños mayores de 3 anos, especialmente recordarles antes del procedimiento). Muchos consultorios ofrecen un pequeño premio al niño a la salida, como manera de reforzar la valentía del niño por haber superado una situación incómoda. Los padres podemos premiar con un helado, una salida al parque, jugar al juego preferido de ellos al llegar a casa, etc. Nunca quitar el premio porque lloró, protestó, o porque no fue tan dócil como esperábamos, especialmente si el procedimiento se pudo realizar.
  • Es muy importante elogiar al niño por su disposición haberse quedado sentado y abrir su boca, aunque sea incómodo, por haber superado sus miedos, por haberse quedado quietito tanto tiempo, por haber confiado en mamá y papá. No elogiar el “no llorar”, ya que es preferible que el niño sepa que puede expresar sus emociones y no tiene que hacer el esfuerzo de reprimirlas.
  • Considerar que puede haber cierto tiempo de espera en el consultorio y venir preparados. Se puede traer libritos para leer al niño mientras se espera, juguetitos que no ocupen mucho lugar para jugar con el niño mientras se espera el turno, algo para beber o un snack.