Visión del niño: 

“Me gusta pasar tiempo con mi abuelos. Ellos se ponen tan contentos cuando me ven, y me llenan de besos y abrazos. Me gusta ir a su casa. La siento como si fuera mi segunda casa, pero es distinta. Huele diferente, los muebles y los adornitos me causan curiosidad. A la abuela le gusta mucho hacerme de comer. Cuando voy a visitarla, me espera con una merienda de crepes con azúcar y juguito de naranja exprimido. Se pone contenta cuando como todo y le digo que está rico. Y siempre tiene escondidos esos caramelos que a mí tanto me gustan y mamá no me quiere dar. La abuela también me canta canciones para chicos en un idioma que no conozco, pero me encanta escucharla. El abuelo me lleva caminar o al parque y me compra un heladito en el camino. También me cuenta historias de cuando él era chico, cuando la vida de los niños era muy distinta a la de ahora. Algunas partes entiendo y otras no, pero él lo cuenta de cierta manera que siempre suena interesante. También me enseñó a jugar a las cartas, y siempre practicamos cuando estamos juntos. Me parece que a veces me deja ganar, pero a mí me encanta. Los abuelos se mueven despacito y parecen tener tiempo para todo. Me gusta eso, todo parece moverse más despacio y nadie está apurado. Me gustan mucho mis abuelos. Me hacen sentir especial cuando estoy con ellos.”

Los Abuelos

La relación que un niño pueda tener con unos abuelos atentos y cariñosos puede ser una fuente de recuerdos y enseñanzas para el resto de su vida. Como describe el niño, si los abuelos están dispuestos, pueden prestar su tiempo al niño, un tiempo despreocupado, sin apuro, sin apremio, sin exigencias, que va más despacito que el de mamá y papá.

Los abuelos enseñan a partir de lo que hacen y a desde lo que dicen. Transmiten su sabiduría, su cariño, sus historias.

De los abuelos puedo aprender acerca de la historia de mi familia, del lugar donde nacieron mamá y papá y cómo fue su infancia, qué hacían de niños, a qué jugaban. A veces cuentan historias tristes, de guerras (sin detalles que asusten), de tiempos de pobreza o donde la gente pasaba hambre o dolor. Me hablan acerca de lugares lejanos, diferentes a donde vivo yo hoy. Me cuentan acerca de su música, sus bailes, las comidas que cocinaban. Todo esto me ayuda a entender por qué en mi casa papá y mamá hacen las cosas de cierta manera, las palabras que usan, la comida que cocinan. Uso mi imaginación para transportarme…

Todo esto que el niño absorbe de lo que ve y lo que se le cuenta, lo ayuda a valorar y a apreciar aquellos aspectos de la cultura de orígen de sus propios padres y abuelos. Y en el futuro, a comprender mejor a sus padres y a sentir orgullo por sus propios orígenes culturales. 

Este aspecto es importante porque contribuye a consolidar la propia identidad y la autoestima, a enorgullecerse de pertenecer a determinada raza o etnia, a comprender la historia de mis propios padres.

Los abuelos son de otra generación

Otro aspecto importante de la relación los los abuelos, es la oportunidad que tiene el niño de relacionarse con otra generación, que no es la de mamá y papá. El niño puede observar el progreso de la vida y  experimentar la sabiduría que se alcanza con el paso del tiempo. Puede ofrecer una perspectiva diferente respecto de los aspectos materiales y el consumo, como también de la juventud y la belleza exterior. 

“Los abuelos son viejitos, tienen la piel arrugada, caminan despacito…pero yo los quiero y me gustan así como se ven”. El niño tiene la experiencia de poder observar cómo una persona se ve cuando envejece, y al mismo tiempo cuánto tiene para dar y cuánto la queremos y valoramos.

Aprender a dar

Los abuelos me enseñaron cuánto amor se puede dar, a partir del ejemplo. Pero yo puedo aprender de a poco a correrme del lugar de recibir, para aprender a ofrecer mi ayuda y colaboración a otros. La lección de poder brindarme a otro y ofrecer mi ayuda es muy importante en la vida, me ayuda a salir de mí mismo y a desarrollar características importantes como la solidaridad, la generosidad y la compasión. Para ello van a tener que intervenir mamá y papá. 

¿Cómo pueden intervenir mamá y papá para enseñarme a ser solidario?

En primer lugar, el adulto puede señalar al niño la situación en que la abuela puede necesitar ayuda, es decir, le enseña al niño a observar a otros. 

Luego, alentar al niño a brindar su ayuda y decirle exactamente qué es lo que tiene que hacer para ayudar a la abuela o al abuelo. 

Finalmente, explicar la importancia de lo que está haciendo. Por ejemplo:

  • Ayudar a la abuela a llevar las bolsas del supermercado (¡vos que tenes tanta fuerza en las manos!)
  • Sostenerle la mano al abuelo mientras sube las escaleras, pues le cuesta mantener el equilibrio (vos podes poner tu brazo y él se agarra de vos).

Como adultos, no esperar que el niño se de cuenta solo de que alguien puede necesitar ayuda, ni que la preste con tantas ganas o sin protestar. .

Es importante señalarles nosotros cómo puede colaborar, ayudarlo a observar a los demás y a desarrollar la capacidad de notar a otras personas más allá de sí mismo. 

No importa si se queja o protesta, porque preferiría estar jugando en la computadora, lo importante es que lo haga. Luego le agradecemos y le dejamos saber lo importante que su ayuda para los abuelos. 

La sensación de orgullo y satisfacción que estas situaciones producen en el niño, si se repiten a lo largo de su infancia y adolescencia, pueden pasar a formar parte de un rasgo de su personalidad: la solidaridad. 

Como vemos, no fue mágico el proceso, pero vale la pena.

Los abuelos nos enseñan el intercambio entre dar y recibir, nos enseñan acerca de nuestra propia historia, nos miman, y nos ayudan a establecer nuestra propia identidad.