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La emoción que los niños mayores de 6 o 7 años sienten por volver a ver a sus amigos en la escuela, a los maestros y a realizar un sin fin de actividades, a veces no se ve reflejada  en los más pequeños, que o bien nunca han asistido al colegio o tan solo han ido uno o dos años. Estos chiquitines han estado toda su vida bajo el cobijo amoroso y consentidor de mamá y papá. Es normal que se sientan un poco confundidos en esta nueva etapa. Todos los años, la mayor parte de ellos, lloran desconsolados al llegar a la escuela. No quieren desprenderse de sus protectores.

La primera vez que dejé a mi hijo en la puerta del Kinder, lloraba mucho  e incluso gritaba y no me quería soltar. A punto estuve de regresarlo conmigo a casa, me mortificaba mucho verlo sufrir. “Está demasiado pequeño aún”,  pensé. “Lo va a pasar fatal”.  La miss nos recibió con una gran sonrisa y me dijo, “Tranquila, va a estar muy bien”, me lo estaba diciendo a mi, no al niño. En ese momento me di cuenta, que yo estaba igual de angustiada que él y que probablemente, yo misma estaba colaborando para trasmitirle este sentimiento de incertidumbre. Lo entregué en los brazos de la maestra y me fui con el corazón muy apachurrado.

Cuando regresé por él más tarde, lo vi contento. No lloraba y además tenía un bello sticker pegado en la frente, mismo que mostró a todos en casa.

A la mañana siguiente volvió a llorar y ahora con más ganas; ya sabía que lo dejaría ahí. Lo que aún no le quedaba muy claro, era que no se quedaría por siempre. Hablé con él y le aseguré que vendría a la hora de la salida a recogerlo. 

Al cabo de unos días, llegaba más tranquilo y me di cuenta de cuánto disfrutaba estar jugando con niños de su edad. Cada día aprendía cosas nuevas y nos platicaba, a su estilo, lo que había hecho durante la jornada escolar. No recordaba todo y quizás acomodaba algunas cosas, dependiendo de las emociones que había tenido. Poco a poco se fue sintiendo más y más seguro en compañía de sus nuevos amigos y maestros. Por supuesto yo, feliz de verlo contento y desde luego por tener algunas horas para poder hacer lo que yo necesitaba, confiando en la escuela que yo había elegido y en el personal calificado que tenían.

Todos los seres humanos, chicos y grandes tenemos procesos; y aunque algunos no sean en inicio muy sencillos, debemos estar seguros de que nos llevarán a conseguir las metas tan deseadas.

Adriana Rea y Álvarez