Es importante comenzar entendiendo que todo lo que sentimos es válido. No hay malos sentimientos. Hay sentimientos que nos hacen sentir mejor y otros no tanto. No podemos decidir qué sentir y qué no, ni dejar de hacerlo. 

Como adultos, no es recomendable transmitir al niño el mensaje de que enojarse es malo, de que uno se veo “feo”, de que así no lo queremos, de que siempre hay que sonreír para verse bonito y ser un niño bueno y agradable. El enojo y la frustración son parte de la vida y también sirven de motor en el adulto para producir cambios.

Los sentimientos como el enojo, la pena, el miedo, los celos (muchas veces considerados negativos) no van a desaparecer por tratar de ignorarlos y no nombrarlos. Tampoco sirve castigar al niño por mencionar algo de ello o dejarlo entrever en su conducta. Sí hay que limitar las expresiones de enojo que no son socialmente aceptadas según la sociedad/cultura en la que vivimos y poder orientar al niño a encontrar formas sanas de expresar su enojo.

A los niños, el sentimiento de enojo puede provocarles malestar y también temor. El enojo es uno de los tantos sentimientos que los niños pueden sentir en su vida cotidiana. Durante los años prescolares, algunas causas de enojo pueden ser las siguientes:

  • Frustración por no poder obtener lo que quiero: “mamá no quiere darme más helado”, “mamá no quiere dejarme comer galletas porque dice que pronto vamos a comer, pero yo tengo mucha hambre AHORA”, “quiero comprarme todas las muñecas Barbies de la colección, pero no me las quieren comprar”, “quiero salir a jugar al parque, pero no me llevan porque llueve”, etc. Los niños pequeños tienen muchos motivos para sentirse frustrados, ya que hay muchas cosas que desean y no pueden obtener, muchas veces por razones que todavía no pueden comprender.
  • Enojo que produce la frustración de no poder lograr algo debido a limitaciones en sus capacidades: “no puedo armar una torre alta con bloques porque se me desarma”, “no puedo arreglar este juguete”, “no me puedo trepar del trampolín mas alto en el parque porque me caigo”, “Tengo que practicar escribir las letras, pero me salen torcidas”, etc.
  • Enojo que producen los celos: “mamá quiere más a mi hermanito, está todo el tiempo con él en brazos y ya no tiene tiempo para mí”. Dentro de ésta línea, enojo que produce tener que compartir el cariño de los padres con un hermano/a, o sentirse invadido (“mi hermano me quita las cosas”, “me obligan a compartir y no quiero)

En definitiva, los niños tienen varias razones para enojarse, aunque a nosotros los adultos nos parezcan motivos irracionales. Tener en cuenta que el pensamiento racional y la capacidad de comprensión del peligro o las consecuencias todavía no están establecidos. El enojo del niño es válido y muchas veces no lo vamos a poder evitar.

Los berrinches, por ejemplo, son una expresión de enojo de un niño que todavía no aprendió a esperar y que no ha desarrollado el lenguaje de forma suficiente como para poder explicar o explicarse lo que le pasa.

¿Qué hacemos como padres ante el niño enojado?

Es importante enseñar a los niños a inhibir algunas acciones o palabras producto de su enojo, pero no sus sentimientos o emociones. 

Por ejemplo, Pablo puede estar muy enojado porque su hermano menor le quitó su juguete, pero no podemos permitir ni justificar que le pegue. 

No está mal que Inés desee que desaparezca su hermanita mas chiquita, que la molesta y le quita la atención de mamá y papá. La tarea de los padres consistirá en comprender su sentimiento sin hacerla sentir culpable, sin ofenderse, sin tratar de convencerla de que está equivocada y de que en realidad sí quiere a su hermanita. Lo que no vamos a permitir es que le pegue o que le haga ningún daño. Esa es responsabilidad nuestra. Ya se encariñará con su hermanita en el futuro.  

La tarea como padres no es eliminar el sentimiento de enojo, sino nombrarlo y ayudar a nuestros hijos a tolerar sentirlo, y a encontrar vías de expresión que sean adecuadas para todos. 

Descargas adecuadas para el enojo

En el aspecto emocional, es importante nombrar en voz alta la emoción y la causa que la originó, para que el niño pueda asociar la palabra con lo que siente, en vez de empezar a patalear porque no se sabe expresar. Los adultos somos los que tenemos que modelar esto. Es una forma de ayudarlo a aprender el lenguaje de las emociones y además es un alivio saber que papá/mamá me entienden. ¡Pasar de la acción a la palabra ya es un gran paso!

Por ejemplo: Mamá dice “Veo que estás enojada porque la maestra te retó injustamente”, “veo que estás enojada porque tu hermano te quitó el juguete, los hermanos pequeños pueden ser muy molestos”, “Sé que estás enojada porque te gustaría comprar todas las muñecas que venden aquí”. No siempre tenemos que tener una solución al enojo, a veces hay que tolerarlo sin enojarse con el niño, pero poniendo los límites adecuados (ejemplo: no se pega). También se le puede contar una historia de cuando uno se enojaba de pequeño.

Sensaciones físicas de enojo

¿Cómo se siente el enojo físicamente? ¿Qué sensaciones físicas experimenta el niño cuando está enojado?

  • La cara se pone roja
  • Las manos se endurecen en forma de puño 
  • Sensación de calor
  • Ganas de pegar, patalear, arrojar o aplastar cosas
  • Lágrimas, llanto
  • Ganas de gritar
  • Impulso de salir corriendo
  • Se acelera la respiración
  • Se siente el cuerpo tenso 
  • Se pone dura la panza

Para tolerar las emociones físicas que produce el enojo, hay varias actividades que pueden ayudar a los niños pequeños a relajarse y distraerse. Algunas de ellas son:

  • Cambiar de ambiente, cambiar de habitación, idealmente salir de una escena hacia el exterior: dar una vuelta a la manzana caminando, a dar una vuelta en bicicleta, correr una carrera hasta la esquina. Tanto la actividad física lúdica (correr, saltar, trepar, bicicleta, patines) como el entrar en contacto con la naturaleza tienen efectos relajantes, tanto en el niño como en el adulto.
  • ¡El agua! Sumergirse en el agua (piscina, mar, baño caliente en la bañadera o ducha) o jugar con agua para los más pequeños. ¡Quizás hacer burbujas ya que es muy relajante!
  • Juego manual con arena, masa, plastilina, pinturas, tierra (jardinería).
  • Abrazo fuerte y mimos, si es que al niño le gusta.
  • La música. Bailar, cantar, tocar algún instrumento.
  • Que el adulto me lea mi libro preferido.
  • Que me cuenten una historia.

Por otra parte, también se puede comenzar a enseñar al niño técnicas de relajación que lo pueden ayudar en varias situaciones, aun cuando está lejos de los padres.