En muchas ocasiones, los niños van a experimentar sentimientos o emociones pasajeras que pueden resultarles inquietantes, osea, “les quitan la quietud” (física y mental), les impiden sentirse tranquilos, relajados, con su atención disponible para enfocarla en algo determinado.

Algunos de esos sentimientos pueden ser: el enojo, la frustración, el miedo, la ansiedad, la anticipación de algo por venir que me causa excitación (aunque sea algo muy divertido), la necesidad de moverme (pues he estado quieto durante demasiado tiempo). 

Algunos ejemplos de estas situaciones pueden ser los siguientes:

  • Enojo o frustración: Llegó del colegio enojado porque la maestra me retó injustamente (“yo no fui el que tiró el lápiz”). Ahora tengo que hacer tarea pero no me puede concentrar y mis piernas no dejan de moverse. Todavía me dura el enojo, contesto mal a todos y me dan ganas de pelear a mi hermanita.
  • Miedo: Estuve mirando una película de terror con mi hermano más grande y sus amigos. Yo quería estar con ellos y me daba intriga, pero ahora no me puedo dormir porque me vienen a la cabeza imágenes terroríficas de la película.
  • Miedo: Mientras mi mamá miraba las noticias en televisión, hablaban de un virus muy peligroso. Ella no se dio cuenta que yo escuchaba y entendía todo. Ahora no me puedo dormir pensando en que todos nos vamos a contagiar el virus. Tampoco puedo concentrarme en la tarea o en el libro que me lee mamá a la noche, pues sólo pienso en lo que escuché. Ella me reta porque me muevo mucho o estoy distraído. 
  • Ansiedad: Mañana tengo un test de matemáticas y me preocupa que me vaya mal. Pienso que va a ser muy difícil y no voy a poder hacerlo. No me puedo dormir. La llamo a mamá y le digo que no tengo sueño, pero ella me reta y dice que es tarde.
  • Ansiedad: (para niños más pequeños) Mañana comienzo el colegio y me siento nervioso porque todo es nuevo y mamá me va a dejar ahí solo. Estoy inquieto y no puedo quedarme sentado en la silla para comer la cena. Me dicen que me estoy portando mal y que me van a poner en penitencia.
  • Anticipación: Mañana es mi fiesta de cumpleaños y vendrán todos mis amigos. Estoy tan excitado y contento. No me puedo dormir pensando en todo lo que quiero hacer y en los regalos que voy a recibir.
  • Necesidad física de moverme: Estuve mucho tiempo sentado en la clase sin recreos, haciendo un esfuerzo mental por entender los nuevos ejercicios y por mantenerme quieto en mi silla. Ya siento cosquillas en todo el cuerpo.

Según la situación de la que se trate, dependerá la solución. En muchos casos, la expresión verbal de los sentimientos inquietantes ante un adulto receptivo (quiere decir, que sepa escuchar y aceptar, sin retar ni juzgar), le otorga al niño la sensación de alivio, de sentirse comprendido, de haberse sacado de encima algo que le molestaba, de sentirse normal otra vez. 

Muchas veces, los niños no saben expresar lo que sienten, por lo cual necesitan la ayuda de un adulto que pueda, como un detective, interesarse en “observar”, “adivinar”, “hacer hipótesis” acerca de lo que el niño puede estar pasando, y comunicárselas.

Ejemplos:

  • ¿Será que estás triste y decepcionado porque papá no pudo llevarte al partido de fútbol que te prometió?
  • ¿Será que te sentiste avergonzado cuando la maestra te retó delante de todos los niños? (Niño que se mostraba nervioso escucha esto y se pone a llorar, pero luego puede seguir jugando con tranquilidad)
  • ¿Será que estás frustrado porque no pudiste meter goles?
  • ¿Será que te dio miedo la noticia que escuchaste sobre el virus?

Escuchar de parte de papá/mamá/la maestra, la realidad acerca de lo que estoy sintiendo (el nombre del sentimiento y la causa) provoca en el niño un alivio automático al sentirse comprendido y al ver sus sentimientos reflejados en palabras por un adulto que se tomó el tiempo y el interés de observar y tratar de dilucidar lo que podría estar ocurriéndole al niño (¡porque él todavía no sabe cómo decirlo!).

Así se va desarrollando lo que se conoce como “inteligencia emocional”, es decir, poder manejarse con empatía frente a los demás porque otros (mamá/papá) han sido empáticos conmigo. Poder expresar lo que siento a través de palabras, y no de golpes o pataletas o malas actitudes frente a otros. Esto es un aprendizaje que lleva muchos años y presencia de adultos que guíen al niño.

Entonces, para muchos casos donde los sentimientos son los que producen inquietud, el “verbalizarlos, ponerlos en palabras” es un paso muy importante.

Otro ejemplo: Recordemos al niño que tenía ansiedad pensando en el examen del día siguiente. Si mamá logra adivinar que está nervioso por el examen, o él logra decirlo, esta se convierte en una buena oportunidad de explicar al niño que él ya estudió lo necesario, que tiene que confiar en sí mismo y en el esfuerzo que ha puesto en sus ejercicios, y que puede olvidarse del examen hasta que llegue el momento de tomarlo. Que ahora es momento de “poner la cabeza en otra cosa”. Esto se transforma entonces en una enseñanza sobre “cómo manejar la ansiedad antes de tomar un examen”. A lo largo del tiempo y de repeticiones de situaciones similares, con el apoyo de los adultos, el niño internaliza esta experiencia y cuando crece, ya lo puede hacer él solo.

¿Qué puede hacer mamá/papá para ayudar al niño a desprenderse de pensamientos que le provocan ansiedad (y que no se pueden resolver ahora, como el examen de matemáticas)?

Técnicas de relajación

Distracción: Podemos leer un libro que sepamos que al niño le gusta, que ya lo conoce, que NO sea muy excitante, que invite a la tranquilidad, que sea repetitivo y que genere imágenes positivas. 

Podemos, ya con la luz apagada, contar historias… de cuando nosotros éramos chicos y nos poníamos nerviosos, de cosas que nos gustaban, de alguna mascota que teníamos y las tropelías que hacía…la historia puede ser inventada o verídica, no importa. Pero ayudará al niño a poner su atención en algo distinto, su cuerpo se relajará, y con la luz apagada… ¡quizás le viene el sueño!

Visualización: Elegimos, o damos a elegir al niño, algún lugar que a él le guste o en el que haya estado. Puede ser la playa, el zoológico, la casa de la abuela que vive lejos. Con la luz apagada, los ojos cerrados y el cuerpo en posición cómoda y relajada, lo guiamos con nuestra voz a transportarnos a ese lugar a través de nuestros sentidos.

Ejemplo: qué es lo que vemos en la playa, cómo se escucha el sonido de las olas, el viento acariciándonos la cara y el cabello, cómo se sienten las olas cuando rompen en nuestras piernas, tocar la espuma que se escurre entre nuestros dedos, la arena caliente debajo de nuestros pies, sumergirse debajo del agua y escuchar silencio absoluto, el olor particular del mar…

Relajación muscular progresiva: Con la luz apagada, los ojos cerrados y el cuerpo en posición cómoda y relajada, lo guiamos con nuestra voz a pensar en cada parte del cuerpo y relajarla: desde la cabeza hasta los dedos del pie.

Meditación: Utilizada al final del día, ayuda al niño a aquietar su cuerpo y su mente. Acostado el niño, con los ojos cerrados (si quiere), lo vamos guiando a enfocar su atención en los sonidos que escucha…el aire acondicionado, sapitos o grillos que viven afuera…prestar atención a estos sonidos por uno o dos minutos. Luego comenzar a prestar atención a nuestro cuerpo, a nuestra respiración, como el aire sale y entra de nuestro cuerpo por la nariz, la panza que se infla y se desinfla. Sin hacer fuerza. Si algún pensamiento nos viene a la mente, lo saludo y lo dejo ir, como si fuese una nube pasajera, y vuelvo a prestar atención a mi respiración. Cómo entra y sale el aire de mi cuerpo.

Explico al niño que cada vez que se siente tenso, durante el día o antes de ir a dormir, puede enfocar su atención en la respiración, el aire que entra y sale, la panza que se infla y se desinfla, e imaginarse que el aire que entra y sale es como un mimito que le hace mamá a su cuerpo, aunque ella no esté presente en ese momento. 

Hay otras técnicas de relajación que resultan útiles cuando la tensión se ha instalado en el cuerpo. Ejemplos de estas situaciones:

  • Niño que ha estado demasiado tiempo sentado en el colegio en una silla sin posibilidad de extender sus músculos y de salir al aire libre (¡arriba con los recreos! En países nórdicos reconocen que el pasar tiempo al aire libre es una necesidad para el niño, por lo cual sacan a los niños a jugar afuera aún con temperaturas bajas).
  • Niño que ha estado mucho tiempo frente a una pantalla (televisión, tablet, computadora, teléfono). El cuerpo quieto, recibiendo información en forma pasiva, cuando están en una edad en la que necesitan moverse y explorar.
  • Niño que tiene mucha necesidad de movimiento y se lo ha mantenido quieto mucho tiempo por la razón que fuere.

Actividades que ayudan a descargar tensiones físicas y relajan:

  • Correr, saltar, trepar, andar en bicicleta, andar en triciclo, remontar un barrilete.
  • Soplar burbujas
  • Jugar con agua, nadar en la piscina o en el mar, darme un baño en la bañera o en la ducha (¡de agua tibia o caliente!), jugar a trasvasar agua de un envase a otro.
  • Pintar, dibujar, hacer un collage, jugar con las manos con masa, arena, tierra.