Muchas veces nos enfocamos en enseñar a los niños todo lo que NO pueden hacer, pero sería una buena idea poder transmitirles aquello que SÍ PUEDEN Y DEBEN hacer. Podemos enseñar al niño cómo desarrollar interés por otros y las diversas maneras y ocasiones en que él puede ayudar a los demás. Los elogios que recibe de mamá/papá/maestra, el cariño y la apreciación que recibe de parte de aquellos que recibieron su ayuda, generarán en él una satisfacción consigo mismo y un sentimiento de compasión hacia los demás… ¡que lo llevarán a querer repetir estas experiencias!

Y cuanto más se comporte bien hacia los demás, menos se sentirá inclinado a tratar a otros con desdén o desinterés. 

La empatía 

Se considera a la empatía como la virtud a partir de la cual se desarrollan el resto de las virtudes. Se la define como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”, “la habilidad para identificarse con los sentimientos de otra persona”. Esta primera virtud, permite al niño sensibilizarse frente a lo que otros niños pueden estar sintiendo, comprender otros puntos de vista, opiniones, ideas. La empatía da origen a la solidaridad, la compasión, la tolerancia, la moralidad. Permite al niño comprender las necesidades de otra persona y preocuparse por ayudar a aquellos que lo necesitan.

Recién hacia los cuatro años de edad, el desarrollo de su cerebro permite a la mayoría de los niños comprender la perspectiva de otra persona. Logran de a poco salir de sí mismos (ahora soy “yo” y “tú”, antes era sólo “yo y yo”), y considerar el impacto que su conducta puede tener en el otro, y cómo así puedo ir en ayuda de alguien que lo necesita. 

¡Pero esto no ocurre de un día para otro sin la guía de los adultos que lo rodean al niño! Mamá y papá influimos en el desarrollo de la empatía en el niño de dos maneras muy importantes:

  • La primera es MODELANDO. Los niños absorben y copian lo que ven a papá y mamá hacer. Principalmente con respecto a ellos, y también hacia otros. Con ellos, mamá y papá modelan empatía cada vez que responden a sus llantos con compasión y comprensión, que escuchan sus quejas y las tienen en cuenta (aunque no siempre hagan lo que el niño quiere, ya que ésto no sería posible ni deseable), cuando se interesan por los sentimientos del niño y lo ayudan a buscar maneras de solucionar problemas que lo aquejan, cuando se esfuerzan por comprender las razones que llevaron al niño a actuar de determinada manera (en vez de enseguida correr a poner una penitencia). También cuando hay empatía entre mamá y papá.

Cuando el niño ve a mamá y papá actuar con compasión, respeto, generosidad e interés (por nombrar algunos valores) hacia a otros en la comunidad: sus propios padres (abuelos), los vecinos, amigos, parientes, un desconocido que necesita ayuda, la cajera del supermercado.

En definitiva, si a mí me trataron bien, voy a ser más permeable a querer tratar bien a los demás. Pero también hace falta algo más…

  • La segunda es ENSEÑANDO ACTIVAMENTE. A lo largo del desarrollo, hay muchos años y cientos de oportunidades para guiar al niño en el desarrollo de la empatía. Cuando son pequeños, hay muchas cosas que podemos ir haciendo para contribuir en el desarrollo de la empatía en el niño, y para enseñarles cómo tomar un papel activo realizando una “buena acción”. Por ejemplo: 

> Comenzamos por incentivarlos a “tomar turnos” (o compartir) con los juguetes.

> Les señalamos cuando hay un niño que parece necesitar ayuda y les damos las palabras para ofrecerle ayuda (“le puedes preguntar por qué llora y si lo puedes ayudar”, “la puedes invitar a jugar contigo si está sentada solita y parece querer participar”).

> Los invitamos a venir con nosotros a saludar a los vecinos, que son muy mayores y se ponen tan contentos cuando nos acercamos (“¡pero mami no tengo ganas! “Yo sé, pero a ellos les alegra el día ya nosotros nos toma sólo unos minutos”).

> Señalamos cuando nos parece que alguien necesita ayuda y tratamos de pensar cómo se debe sentir, y cómo podemos ayudarlo.

También podemos guiar al niño al preguntarnos junto con ellos cómo creemos que se sienten los demás cuando…

  • Alguien se burla de ellos y les dice una palabra fea
  • Alguien les quita algo que les pertenece
  • Nadie los ayuda cuando piden ayuda o cuando es evidente que la necesitan
  • Cuando se los aísla y no se los incluye en una actividad grupal

Y pensando en situaciones más positivas…

  • Cuando ayudaste a tu hermana con la tarea
  • Cuando invitaste al niño a tu cumpleaños cuando nadie quería incluirlo
  • Cuando ayudamos a la vecina a recoger todas las cajas que se le habían caído
  • Cuando le dices a tu hermano que lo quieres

Recordar que el ELOGIO o RECONOCIMIENTO del adulto ante estas conductas empáticas o pro-sociales en el niño es fundamental para que el niño se sienta motivado a seguir comportándose de esa manera. Principalmente durante los primeros años, el placer del niño pasa por complacer a mamá y papá. Luego a medida que el niño crece, esta conciencia moral se internaliza y el sentimiento de satisfacción por una acción moral ya proviene del interior del adulto.

Ejemplos:

“Estoy tan orgullosa de vos de que hayas ayudado de esa manera a tu amigo”

“¿Viste que contenta se puso la vecina de que te acercaras a saludarte? Qué bueno que me acompañaste”

“Gracias por ayudar a cargar las bolsas del supermercado. Entre los dos hicimos rapidísimo”

Ayudar a las tareas de la casa 

Es otra manera de dar la oportunidad al niño de sentirse útil. Entender que va a protestar, no le va a gustar tener que interrumpir su juego o diversión para tener que hacer una tarea aburrida, pero a la larga los ayuda a sentirse un miembro importante de la familia, que contribuye a organizar el hogar, a quien se lo necesita. Por lo cual, puede ser que lo haga protestando (poner su ropa sucia en una canasta, los juguetes en la caja, alimentar al perro), pero ignoramos la protesta y lo elogiamos por hacer algo que ayudó a todos. 

El desarrollo de la empatía, a medida que el niño crece, va a prevenir que haga daño a otros, se burle de otros o los trate mal. La conciencia acerca de que ese otro puedo ser yo, sumado al haber sido tratado bien y haber absorbido de los adultos ejemplos saludables, en conjunto construyen la conciencia moral en el niño.