Desde el punto de vista del Niño:

“Todo empezó cuando todavía era bebé. Mamá me nombraba las partes del cuerpo y los nombres de las ropitas mientras me desvestía, me bañaba y luego me vestía. También mientras jugábamos juntos, o cuando me leía libritos. Así fui aprendiendo acerca de mi cuerpo y cómo ayudar mientras me vestían, empujando mis bracitos por las mangas y levantando mis piernas una a una para ayudar a ponerme el pantalón. Aprendí a caminar, trepar, correr, saltar. ¡Qué divertido es hacer lo que quiero con mi cuerpo! Ahora me gusta hacer las cosas solo. Digo “yo solito, yo solito”. Puedo comer solo, lavarme las manos, ponerme jabón en el cuerpo mientras me baño. ¡Yo quería vestirme solo para que mamá me saque a jugar al parque! Al principio no me salía, metía las dos piernas por el mismo agujero, volví a intentar y tampoco. Entonces se me escapaba un grito o unas lágrimas. Mamá venía, me decía que yo lo estaba haciendo muy bien, que siguiera tratando y me mostraba por dónde meter la pierna. Pero me dejaba hacerlo solo. ¡Que alegría sentía cuando me salía! Y yo solito… menos mal que seguí intentando. Luego aprendí a ponerme la camisa también. Algunas veces me la ponía al revés. Mamá me avisaba, nos reíamos los dos, y me ayudaba un poco a darla vuelta. Ahora estoy tratando de practicar con las medias y los zapatos…¡No es nada fácil! A veces me canso y le digo a mamá que me los ponga ella. A ella no le molesta. Pero sigo intentando, y ella me sigue diciendo que lo estoy haciendo muy bien, que practico un poco más y ya casi me sale.”

Avances en su desarrollo

A medida que el niño va creciendo, va teniendo más control sobre su cuerpo mientras aumentan su motricidad fina y gruesa, y su capacidad de persistir en ciertas conductas. Comienza a sentir placer y una sensación de triunfo a través de pequeños logros en el aprendizaje que aumentan su capacidad de independencia. Es decir, “a mamá/papá los necesito igual para poder sentirme seguro, simplemente me gusta poder hacer las cosas yo solito, como papá, como mamá, como mi hermano…me siento grande y fuerte de esa manera”.

Para ello, es importante que mamá/papá entiendan que el niño no los está abandonando ni prescindiendo de ellos. Que no puedo tener un bebé para siempre y que el niño todavía me va a seguir necesitando. Es decir, perder el temor a que el niño me deje, no sea más mi bebé, ya no me necesite. Es importante poder regocijarnos en los logros del niño, es sus intentos de hacer las cosas por sí mismo, para que él también pueda hacerlo. Para ello, es importante:

  • Enseñar al niño modelando, mostrando cómo hacemos las cosas los adultos y mientras tanto describiéndolas con palabras. 
  • Alentar su interés y motivación en querer hacerlo solo. Por ejemplo: “¡Qué bien lo hace solito!”
  • No forzar al niño de manera imperativa a hacer algo solo si todavía no quiere o no está interesado. Se puede empezar de a poco, guiándolo para que ayude mientras uno lo viste. Todo llega, no apurarse ni apurarlos.

Según su temperamento, hay niños que buscan la independencia más temprano que otros (pueden influir varias cosas, como el estilo de vida, el número de hermanos que tenga, si nos mayores o menores, la real disponibilidad de adultos para ayudarlo, el interés del niño por las cosas nuevas, etc).

  • Es mejor permitir al niño practicar vestirse o ponerse los zapatos cuando no estamos apurados. Si tenemos poco tiempo para llegar a una cita con el médico, es mejor distraer al niño con otra cosa mientras rápidamente lo vestimos nosotros. Estaremos evitando un conflicto y una frustración para ambos.
  • No correr a intervenir si el niño está intentando hacer algo solo. Si vemos que está empezando a frustrarse porque le está resultando difícil, lo guiamos con palabras: “Pero qué bien te estás poniendo la camisa, sólo te falta encontrar el agujero para ese bracito, correlo un poquito para ese lado…muy bien”. Cuando ofrecemos ayuda, primero guiamos con palabras, luego le ofrecemos ayuda física, siempre haciendo lo menos posible para permitir que el niño pueda adueñarse de su logro (¡“Lo hice yo solo!”) y pueda sentir que confiamos en su capacidad de hacerlo. 
  • Compartir la felicidad o la sensación de triunfo del niño por haber logrado algo solo y haber dado un paso más en su sensación de independencia.

“No sabes qué bien se ha vestido solo Martín a la mañana”, le cuenta papá a mamá.

“Has insistido con paciencia y has logrado ponerte ese short tú solito. Te felicito”

  • Si no lo ha hecho del todo bien, lo cual es muy probable mientras aprende, evitar las críticas, las burlas, los comentarios acerca de los errores. La crítica atenta contra la motivación y contra la autoestima, y también puede provocar rebeldía. Mamá/papá pueden abrocharle el botón que quedó suelto sin mucho que decir.